
Los tatuajes y piercings son una forma de expresión personal que ha sido utilizada por la humanidad desde tiempos inmemoriales. A pesar de esto, todavía hay muchos casos de discriminación hacia las personas que deciden adornar su cuerpo de esta manera.
La discriminación es cualquier forma de trato desigual que se da a una persona o grupo de personas basado en características que no tienen relación con sus habilidades, actitudes o comportamiento. Por lo general, se asocia con la raza, el género, la orientación sexual, la religión y, en este caso, la apariencia física.
Un estudio realizado en Estados Unidos en 2015 reveló que el 76% de las personas considera que las personas con piercings y tatuajes tienen menos oportunidades de conseguir trabajo. Asimismo, el 36% de los empleados que tienen tatuajes han manifestado haber sido discriminados en el trabajo por esta razón. En países como Japón, las personas con tatuajes son prohibidas en muchos lugares públicos como piscinas, saunas y baños termales, debido a que se les asocia con la yakuza (mafia japonesa).
La discriminación hacia personas con tatuajes y piercings surge de muchos prejuicios y estereotipos infundados. Se cree que las personas con esta apariencia son violentas, peligrosas, poco serias y poco confiables. Esta percepción es especialmente acentuada en empleadores que ven a las personas con tatuajes como una amenaza para la imagen de su compañía.
En resumen, la discriminación hacia personas con tatuajes y piercings es un problema que debemos combatir con educación y medidas de inclusión. Debemos luchar contra los prejuicios y estereotipos que asociamos con esta forma de expresión personal y valorar a las personas por sus habilidades y actitudes en lugar de su apariencia física.